La dispareunia, definida como el dolor durante las relaciones sexuales, es una realidad que muchas mujeres viven en silencio. No por falta de síntomas, sino por vergüenza, miedo al juicio o normalización del dolor. Más mujeres de las que imaginamos sienten incomodidad, ardor, tensión o dolor durante el acto sexual, pero muy pocas se atreven a decirlo en voz alta.
Durante años, como sociedad, se ha transmitido la idea de que el dolor en la intimidad es algo “normal”, algo que debe tolerarse por obligación, por compromiso o por no incomodar. Sin embargo, el dolor nunca es normal, y cuando aparece, el cuerpo está pidiendo atención.
La evidencia científica es clara: la dispareunia afecta entre el 8% y el 22% de las mujeres a lo largo de su vida, con mayor prevalencia en etapas como el postparto, la menopausia o después de procedimientos ginecológicos. Además, se asocia frecuentemente a hipertonía del suelo pélvico, alteraciones miofasciales, cambios hormonales y experiencias de dolor previas, que perpetúan el círculo del miedo–tensión–dolor.
Cuando este dolor no se aborda de forma adecuada, no solo persiste, sino que impacta profundamente la autoestima, la seguridad corporal, el vínculo de pareja y la salud emocional. La dispareunia no afecta únicamente la sexualidad: afecta la forma en que la mujer se habita a sí misma.
Por eso, tratar la dispareunia no es un lujo ni un capricho: es una necesidad de salud integral y un acto de amor propio.
Muchas mujeres llegan a consulta después de un largo recorrido por diagnósticos confusos, explicaciones rápidas o comentarios poco empáticos. Algunas han sido invalidadas, otras juzgadas, y muchas han salido de una consulta sintiéndose más solas de lo que entraron.
La ciencia ha demostrado que un abordaje sin sensibilidad aumenta el miedo, la activación del sistema nervioso y la tensión muscular, lo que puede intensificar el dolor pélvico. El cuerpo escucha, recuerda y se protege.
Por ello, acudir a profesionales formados en fisioterapia pélvica basada en evidencia, pero también en comunicación terapéutica y enfoque centrado en la mujer, es fundamental.
El cuerpo femenino no se trata solo con técnica: se trata comprendiendo su historia, sus emociones y sus tiempos.
La fisioterapia pélvica es actualmente una de las intervenciones de primera línea recomendadas para el tratamiento de la dispareunia, especialmente cuando existe hipertonía del suelo pélvico, dolor miofascial o alteraciones del control neuromuscular.
Las guías clínicas y revisiones sistemáticas muestran que un abordaje fisioterapéutico adecuado puede:
Este enfoque no busca “arreglar” a la mujer, sino acompañarla a reconectar con su cuerpo desde la seguridad y la confianza.
Nuestra profesional en fisioterapia pélvica entiende que la dispareunia no es solo muscular, sino que también tiene componentes físicos, emocionales, hormonales, conductuales y relacionales que deben abordarse de manera integrada.
El tratamiento se adapta a cada mujer, respetando sus tiempos, límites y vivencias, y puede incluir:
La fisioterapia pélvica no promete soluciones mágicas, pero sí ofrece algo profundamente transformador
Un espacio seguro donde el dolor es escuchado, comprendido y tratado con ciencia y humanidad.
Sanar no siempre es rápido, pero cuando el proceso es respetuoso, el cuerpo responde.
Y cuando una mujer vuelve a habitar su cuerpo sin miedo, el cambio trasciende lo físico.
Autor: Paola Yaranga
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