La parálisis facial, también conocida como parálisis de Bell, es una afección neuromuscular que compromete el séptimo par craneal (nervio facial), encargado de controlar los músculos de la expresión facial. Cuando este nervio se ve afectado, la movilidad del rostro se altera de forma repentina, generando asimetría facial, dificultad para gesticular y un impacto emocional significativo en quien la padece.
Aunque puede presentarse a cualquier edad, es más frecuente en adultos, con mayor incidencia en mujeres, y también puede aparecer en niños, especialmente en contextos de inmunosupresión, infecciones virales o estrés intenso.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la recuperación es favorable cuando el diagnóstico y el tratamiento se inician de manera oportuna.
La parálisis de Bell suele aparecer de forma súbita, con síntomas que se instauran en un periodo de 24 a 72 horas, generalmente de un solo lado del rostro.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:
Estos síntomas pueden generar ansiedad, inseguridad y temor, especialmente por el impacto visible en el rostro, que es una parte fundamental de la identidad y la comunicación humana.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la parálisis de Bell se produce cuando el nervio facial sufre un proceso inflamatorio, generalmente como respuesta a infecciones virales o alteraciones del sistema inmunológico.
Esta inflamación genera:
Como consecuencia, los músculos faciales dejan de recibir la señal adecuada para moverse, produciendo la parálisis.
La evidencia científica señala múltiples factores relacionados con la parálisis facial, entre ellos
En algunos casos, la causa exacta no puede determinarse con precisión, lo cual no impide un tratamiento eficaz.
El diagnóstico debe ser realizado por el médico tratante o el neurólogo, mediante evaluación clínica detallada.
En la fase inicial, el manejo puede incluir tratamiento farmacológico para:
Posteriormente, el paciente es remitido a fisioterapia, una etapa clave en el proceso de recuperación funcional.
La fisioterapia es un pilar esencial en el tratamiento de la parálisis facial. Su objetivo no es solo recuperar el movimiento, sino reentrenar al sistema neuromuscular, mejorar la coordinación y acompañar emocionalmente al paciente durante el proceso.
Generalmente, la intervención fisioterapéutica inicia una vez superada la fase aguda, y se adapta a cada persona según su evolución.
La evidencia clínica muestra que entre el 90% y el 100% de los pacientes con parálisis de Bell presentan una recuperación favorable, especialmente cuando el tratamiento se inicia de forma temprana. En muchos casos, la mejoría se observa entre la tercera y cuarta semana de intervención. Las parálisis faciales de origen postquirúrgico pueden requerir más tiempo de tratamiento y, en algunos casos, dejar secuelas, por lo que el abordaje fisioterapéutico es aún más importante.
La parálisis facial no solo afecta músculos: afecta la expresión, la comunicación, la seguridad personal y la manera en que la persona se relaciona con los demás. Por ello, la fisioterapia no debe limitarse a ejercicios. Debe ser un acompañamiento humano, respetuoso y esperanzador, donde el paciente se sienta comprendido y acompañado.
La parálisis de Bell puede aparecer de forma inesperada, pero la recuperación es posible. Con un diagnóstico oportuno, tratamiento médico adecuado y fisioterapia especializada, la mayoría de las personas logra recuperar la movilidad facial y volver a expresarse con confianza. Cada pequeño gesto que vuelve —una sonrisa, un parpadeo, una mueca— es un gran paso en el camino de la recuperación.
Autor: Angi Bernal
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