APNEA DEL SUEÑO

CUANDO RESPIRAR SE INTERRUMPE SIN QUE LO NOTES

Dormir debería ser descansar… pero para millones de personas, la noche se convierte en un periodo de interrupciones silenciosas en la respiración. A este fenómeno se le conoce como apnea del sueño, un trastorno respiratorio que afecta la oxigenación, el descanso profundo y, a largo plazo, la salud cardiovascular, metabólica y emocional.

Aunque muchas personas conviven con ella sin saberlo, hoy sabemos que la apnea del sueño sí tiene tratamiento, y detectarla a tiempo puede transformar la calidad de vida.

¿Qué es la apnea del sueño?

Es un trastorno caracterizado por pausas repetidas de la respiración durante el sueño, existen tres tipos:

Apnea obstructiva del sueño (AOS) – la más frecuente: ocurre cuando los tejidos blandos de la garganta colapsan y bloquean el paso del aire.

Apnea central del sueño: el cerebro no envía adecuadamente la señal para respirar.

Apnea mixta: combinación de ambas.

Independientemente del tipo, todas generan disminución del oxígeno, microdespertares y un sueño poco reparador.

Un problema más común de lo que parece

Las cifras son claras:

  • Entre 10–30% de los hombres presentan AOS.
  • Entre 3–9% de las mujeres la padecen.

Aun así, la apnea suele pasar desapercibida durante años, ya que muchos síntomas se confunden con estrés, insomnio o cansancio.

Factores de riesgo

Factores de riesgo: ¿quiénes son más propensos?

  • Obesidad: aumenta la presión sobre la vía aérea.
  • Edad: mayor incidencia después de los 40 años.
  • Sexo masculino: vías aéreas más vulnerables al colapso.
  • Historia familiar: influencia genética en anatomía craneofacial.
  • Características anatómicas: cuello corto, maxilar estrecho, amígdalas grandes.

Otros factores que incrementan el riesgo incluyen alcohol, sedantes, tabaquismo y congestión nasal crónica.

Síntomas principales

Síntomas principales: señales que no debes ignorar

  • Ronquidos fuertes y frecuentes
  • Pausas respiratorias observadas por un acompañante
  • Fatiga y somnolencia durante el día
  • Dolores de cabeza matutinos
  • Falta de concentración o memoria
  • Despertar con sensación de ahogo
  • Irritabilidad y cambios de ánimo

Con el tiempo, la apnea del sueño se asocia a hipertensión, arritmias, diabetes tipo 2, depresión, accidentes laborales y deterioro cognitivo.

¡Dormir mal tiene consecuencias reales!

¿Cómo se diagnostica?

  1. Historia clínica completa: síntomas, hábitos de sueño y factores de riesgo.
  2. Examen físico: evaluación de vía aérea, medición de IMC y características anatómicas.
  3. Estudio del sueño (polisomnografía – PSG): es el estándar de oro para confirmar:
    • número de apneas/hipopneas por hora
    • saturación de oxígeno
    • calidad de sueño
    • esfuerzo respiratorio

Tratamientos disponibles: la evidencia científica lo respalda

  1. Cambios en el estilo de vida
  2. CPAP (presión positiva continua)
  3. Dispositivos orales
  4. Cirugía
ESTUDIO DEL SUEÑO

¿Hay un rol para la fisioterapia respiratoria?

Sí. Aunque no reemplaza el CPAP ni el tratamiento médico, la fisioterapia puede complementar el manejo, especialmente cuando existe:

  • mala mecánica respiratoria
  • respiración oral crónica
  • debilidad del diafragma
  • ronquido asociado a tono muscular orofaríngeo bajo
  • exceso de tensión cervical o torácica

Los ejercicios funciono-respiratorios y miofuncionales han mostrado mejoras en:

  • ronquido
  • calidad del sueño
  • control respiratorio
  • somnolencia diurna

Es un acompañamiento valioso dentro de un enfoque integral.

Recuerda…

La apnea del sueño es más que “roncar fuerte”.

Dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica que impacta salud, energía, estado de ánimo y bienestar general.

Si sospechas apnea del sueño, consulta con un profesional. Un buen diagnóstico es el primer paso para volver a descansar de verdad.

Autor: Thaís Pereira

Referencias
  1. American Academy of Sleep Medicine. (2014). International Classification of Sleep Disorders, 3rd edition.
  2. Peppard, P. E., Young, T., Palta, M., & Skatrud, J. (2000). Prospective study of the association between sleep-disordered breathing and hypertension. New England Journal of Medicine, 342(19), 1378-1384.
  3. Young, T., Finn, L., Peppard, P. E., Szklo-Coxe, M., Austin, D., Nieto, F. J., … & Hla, K. M. (2008). Sleep disordered breathing and mortality: eighteen-year follow-up of the Wisconsin sleep cohort. Sleep, 31(8), 1071-1078.

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