En el siglo XIX, el consumo de cigarrillos de tabaco fue una práctica común en la sociedad, relacionado con distinción y estatus socioeconómico alto. Con el paso del tiempo la práctica se extendió a toda la población y en este nuevo siglo, con el objetivo de reducir los efectos nocivos del tabaco, surgieron los cigarrillos electrónicos o vaporizadores (conocidos comúnmente como vapers), promovidos como una alternativa “más saludable” para dejar de fumar de forma tradicional. Sin embargo, esta propuesta de solución ha traído consigo nuevos riesgos para la salud, especialmente a nivel cardiovascular y respiratorio.
Lejos de ser una herramienta efectiva para dejar el tabaco, los vapers son dispositivos atractivos que se dirige a todo el público, con especial énfasis a los jóvenes por sus novedosas formas, sabores atractivos y fácil alcance.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque el número de fumadores ha disminuido globalmente (1 millón menos entre 2018 y 2020), el uso de cigarrillos electrónicos ha aumentado, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Esta tendencia plantea una pregunta clave: ¿realmente ayudan los vapers a dejar de fumar o simplemente cambian un hábito por otro igual o incluso más perjudicial?
Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que calientan un líquido (conocido como e-líquido) que se transforma en un aerosol que es inhalado por el usuario. Este líquido generalmente contiene nicotina a pesar que algunas marcas indican que no lo continen, propilenglicol, glicerina vegetal, sabores artificiales, y en muchos casos, sustancias cancerígenas, metales pesados (como níquel, estaño y plomo), compuestos orgánicos volátiles y partículas ultrafinas.
Numerosos estudios han demostrado que estos componentes pueden provocar daños en vías respiratorias, vasos sanguíneos, y corazón.
En un estudio de revisión bibliográfica del año 2023, se publicó que el consumo agudo, de cigarrillos electrónicos provocan daños tanto a corto, como a largo plazo, independientemente de la frecuencia de consumo.
Las enfermedades inducidas por el tabaquismo convencional siguen siendo de las principales causas prevenibles de muerte en el mundo. Entre los efectos más graves por consumo crónico de tabaco se encuentran:
Todas estas patologías pueden aparecer por la exposición al consumo del tabaco, y la cantidad de consumo determinará el nivel de riesgo de padecerlas ya que, no existe un consumo seguro de tabacos.
El fisioterapeuta respiratorio juega un rol clave frente a las consecuencias del vapeo y tabaquismo, especialmente cuando ya hay afectación pulmonar o riesgo de enfermedad respiratoria.
Dentro de sus competencias están:
El uso de cigarrillos electrónicos no representa una alternativa segura ni eficaz para dejar de fumar y no se han aprobado para dejar el hábito de consumo tabáquico, por el contrario podría ser aún más perjudicial.
Si bien ha habido una reducción en el número de fumadores tradicionales, el aumento del vapeo representa un nuevo desafío.
El fisioterapeuta respiratorio no solo trata las secuelas del vapeo, sino que también tiene un papel fundamental en la prevención, educación, detección precoz y rehabilitación de los problemas pulmonares que este hábito puede causar.
Autor: Katherine Pazmay
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